lunes, 30 de julio de 2018

Panecillo


Panecillo
El Panecillo es un tradicional montículo precolonial, convertido en un mirador natural de la ciudad ahora adornado por el monumento a la Virgen de Quito esculpida por Bernardo de Legarda en los 70s, que es el principal punto de observación de la ciudad.
La estatua tiene 31.50 m de altura, es considerada la más grande del Ecuador construida en aluminio y está compuesta de más de 7000 piezas.
Fecha de Creación
En 1976, el artista español Agustín de la Herrán Matorras realizó en aluminio el monumento a la Virgen María que se encuentra en la cúspide del cerro. Está compuesto por siete mil piezas y es considerado como la mayor representación de aluminio del Ecuador.

Descripción
El pequeño montículo que se encuentra enclavado en la ciudad de Quito recibió este nombre de los conquistadores españoles, pero parece que su nombre auténtico en quichua es "Shungoloma" que significa "Loma del Corazón".
Es una referencia para los quiteños porque marca la división entre el sur y el centro de la ciudad; aún mantiene el legado de la época incaica porque allí se encuentra la Olla del Panecillo, una especie de cisterna circular de ocho metros de profundidad que fue utilizado para el riego de sembríos.
En la parte inferior del monumento a la Virgen, se puede apreciar el portal de la Olla que abre la plazoleta de acceso al mirador y que forma parte del sendero que utilizan los visitantes para apreciar la ciudad y sus alrededores.
Atractivos
La Virgen del Panecillo: En la cima, dominando la ciudad se levanta la moderna estatua de la Virgen de Quito, obra del escultor español Agustín de la Herrán Matorras quien tomó como modelo la imagen de la Virgen alada que se encuentra en el templo de San Francisco, obra de Legarda, escultor de la época colonial.
La Olla del Panecillo: Cerca de la cima puede observarse la llamada "olla del Panecillo" que no es sino una cisterna para recolección de agua construida por los españoles.
El Mirador: Desde el mirador de Panecillo se aprecia el inmenso contraste entre la ciudad vieja y la ciudad moderna. Lo único que no ha cambiado con el pasar del tiempo es el cielo, que siempre será de un azul transparente, es decir un azul quiteño.
Origen del nombre Panecillo
Se dice que el Panecillo se llama así porque a los primeros españoles les pareció que aquel cerro tan redondo y armonioso, que se levantaba en el corazón de Quito, era igual que un pan, un panecillo de miga blanca y apretada, de esos que los panaderos de Sevilla o Andalucía horneaban para luego inundar las calles con su olor irresistible.
Muertos de nostalgia, los españoles bautizaron el pequeño cerro como El Panecillo, en una tierra en que no se conocía el pan que ellos añoraban, pues aún no había trigo, seguían extrañando esos panecillos calientes, acompañados de vino tinto, que años más tarde el gran Velásquez se encargaría de pintar en un lienzo donde un niño parte, desde hace siglos, un sabroso pedazo de pan.
Leyenda
En el libro Leyendas del Ecuador, de Edgar Allan García se cuenta una interesante leyenda la cual se narra a continuación:
Antes de que llegaran los españoles, este sitio era conocido como Yavirac, y ahí, sobre su cima, los indígenas anteriores a los incas, y más tarde los incas que invadieron estas tierras, festejaban el Inti Raymi, la gran fiesta del Sol. Así, el 21 de junio de cada año, los indígenas de distintas regiones se reunían en el Yavirac para cantar, bailar, beber y alabar, en una ronda de alegría, al altísimo señor del cielo que moría cada tarde y renacía cada mañana, al generoso Inti.
Pues bien, según la leyenda Atahualpa (que en realidad se llamaba Atabalipa) había mandado construir en la cima del Yavirac un templo de oro puro. Motivo por el cual luego de que los españoles mataron al Inca Atahualpa (que en ese entonces tenía 33 años), marcharon a toda prisa hacia Quito con ansias de repartirse el Templo de Oro que estaba en la cima del Yavirac.
Los españoles que sudorosos y cansados subieron a la cima del Yavirac se encontraron con que no había ni una sola pepita de oro sobre la tierra seca, el Templo del Sol había desaparecido como por arte de magia. Pero lo que no sabían, ni supieron nunca que dentro del Yavirac, en el corazón del cerro, entrando por caminos secretos llenos de arañas ponzoñosas y alacranes gigantescos y desfiladeros llenos de trampas mortales, se encuentra el Templo del Sol, cuidado por cientos de doncellas hermosas que no envejecen nunca y por una anciana sabía quién presuntamente es la mismísima madre de Atahualpa.
Además, la leyenda dice que: si logras encontrar la entrada, y luego de salvarte de los peligros que te esperan, llegas por fin a la morada de la anciana, tienes que pensar muy bien en lo que dices y haces. Si la anciana te pregunta mirándote fijamente a los ojos ¿qué buscas en esos recintos sagrados?, tienes que decir que eres pobre, que has ido a dar ahí por accidente, que sólo buscas la salida y que juras nunca revelar la entrada secreta a aquel templo.
La anciana entonces se levantará de su trono de oro macizo; te hará escoger entre una enorme piedra de oro, más un puñado de perlas, rubíes y esmeraldas que están sobre una mesa, y una tortilla de maíz, una mazorca de choclo tierno y un pocillo con mote jugoso que están sobre otra mesa. Piénsalo bien, pues si escoges la primera mesa, es probable que al salir te encuentres con que en vez de riquezas sólo llevas un pedazo de ladrillo y unas cuantas piedras comunes en las manos.
Y es probable también que, si escoges los alimentos que se encuentran sobe la segunda mesa, la tortilla se convierta de pronto en un enorme pedazo de oro sólido, el choclo tierno en numerosas pepitas de plata y el pocillo con mote en gran cantidad de perlas brillantes. Escoge bien, porque es probable que suceda también al revés, y que una vez afuera ya no haya forma de volver atrás.

Virgen de El Panecillo

El Panecillo está coronado actualmente por una escultura gigante de aluminio de la «Virgen de Quito», creada en 1975 por el español Agustín de la Herrán Matorras, el cual se basó en la Virgen de Legarda o Apocalíptica; obra del siglo XVIII de Bernardo de Legarda, uno de los más importantes representantes de la Escuela quiteña, la cual la podemos ver en el altar mayor de la Iglesia de San Francisco.
La Majestuosa Virgen de Quito, está compuesta por siete mil cuatrocientas piezas, numeradas cada una de ellas, por lo cual se la pudo unir como un rompecabezas; esta es la mayor representación de aluminio en todo el mundo y ocupa el lugar 58 entre las imágenes más altas del mundo, es incluso más alta que la imagen de El Cristo Redentor de Brasil.
El 4 de noviembre de 1955, se da el permiso para realizar los cimientos o base del monumento, se ve la base, la misma que tiene una altura de once metros, está hecha de piedra y cemento armado, conformada de 18 columnas que representan a las provincias que hasta ese año tenía el Ecuador.
El Padre Rigoberto Correa es el ejecutor de la obra.
La obra fue inaugurada el 28 de marzo de 1975 con una misa campal a la que asistieron 1500 personas que subieron en peregrinación desde la Basílica del Voto Nacional (era una pre inauguración, pues todavía faltaban ensamblar las alas).
En el mes de septiembre de 1975, se acaban de colocar las alas.
El material en el que está hecho el monumento es el PERALUMAN 3 que es una aleación de platino el aluminio, estaño y otros metales, estas piezas están soldadas con pequeñas piezas de platino y ajustadas con pernos.
La escultura representa a la Virgen María tal como se la describe en el libro bíblico del Apocalipsis: una mujer con alas, una cadena que apresa a la serpiente que tiene bajo sus pies y que representa a la bestia. Es por ello que además de los nombres de Virgen de Quito o Virgen de Legarda (por el escultor de la obra original), esta estatua también es llamada Virgen del Apocalipsis.

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