lunes, 30 de julio de 2018

La Ronda


La Ronda
Orígenes:
Los pobladores prehispánicos habían formado un chaquiñán marginal junto a la quebrada de Ullaguanga-huayco para bajar desde la chorrera del Pichincha llamada Jatuna.
Gradualmente mestizos, indios y españoles fueron construyendo casas junto al sendero. A fines del siglo XVIII, el trazado de La Ronda ya era similar al actual.



Historia:
El registro histórico nos acerca al patrimonio intangible de la calle, sus personajes emblemáticos y las fibras que entretejen nuestra identidad y el sentimentalismo quiteño A finales del siglo XIX, La Ronda acogía a los viajeros y los transportistas de productos agrícolas que venían del sur en las tabernas de chicha que se establecieron en la calle. En la esquina con el Mesón, en la casa de Cadena Meneses, estaba hacia la Ronda la chichería de Rosario Navarro y frente a ésta estaba la de la indígena Petrona Chasipanta.
La generación de los poetas y bohemios de los años 30 y 40 visitaban “El Murcielagario”,  la trastienda de la última casa de la segunda cuadra en la Morales y Venezuela.  Tras la fachada de una tienda de mala muerte se escondía un burdel clandestino subsidiado por el Comandante Antonio Alomia.
El gran poeta ambateño Pablo Valarezo Moncayo  vivió en la casa de la Negra Mala, consagrada a la tertulia literaria y bohemia de poetas y músicos como Jorge Carrera Andrade, Augusto Arias, Carlos Guerra, entre otros.  En ella Sergio Mejía compuso el bellísimo pasillo Negra Mala dedicado a la dueña de la casa, doña Rosario Peñaherrera, y luego compuso el  pasillo Rubia buena.
Federico González Suárez vivió en la casa de su abuela durante su infancia y adolescencia.  La casa quedaba en la esquina sur –oeste de las actuales Ronda y Venezuela- aunque hoy penosamente desaparecida. Al regresar de España, el monseñor, vivió 7 años más en la casa de La Ronda.  En ella escribió la gran Historia del Ecuador y llamaba a su casita “la de la quebrada”.
El Maestro Escultor Toribio Ávila trabajó especialmente en figuras de cera policromada, cuyas mejores obras se hallan en la sacristía de la iglesia de San Francisco.  Vivió en la casa 158 de la calle Morales en 1797.  Esta misma casa también fue del cerero Manuel V.  Villegas.

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